Mientras visitaba el “Monte de Los Olivos”, allí donde Jesús hizo su lugar de encuentro con los apóstoles, quise comprarme un pañuelo y me separé momentáneamente de la Compañía Danzahoy con la que tenía funciones en la ciudad de Tel Aviv. Allí escogía mi “pañoleta-turbantoide”, y mientras me lo colocaba en la cabeza a la usanza hebrea, llegó una comitiva árabe… caballos, camellos y muchos turbantes brillantes. El vendedor se asustó – bebakasha- dijo mientras se metía en la tienda. Lo detuve… -¿qué pasa?, pregunté. –Es el Sultán Sababa-
El Sultán bajose de su caballo y preguntó-me- por mi dueño. El vendedor logró traducirme a lo que respondí, por supuesto, que nadie era mi dueño… el Sultán me miró con sus grandes ojos azules y me dijo –Entonces, eres libre- todo esto en inglés arábico…
Muy orgullosa respondí – I`m Free- terminando de pronunciar estas palabras con mi maravilloso inglés venezolano, cuando cuatro turbantes con cuerpo me agarraron y me montaron en un camello… grité, pataleé, lloré… pero en un abrir y cerrar de turbante estaba en un palacio, monumento y /o edificación, o qué se yo qué cosa, árabe-hebreo-palestino rodeada de mujeres turbantes (-o turbadas- (o más)) quienes me lavaban los pies y me vestían con ropajes bordados en oro y diamantes.
También pensé que era un sueño, que era una fábula de mi increíble imaginación, pero les juro que si es… Abrieron la puerta de la habitación en la que me encontraba, un sirviente del Sultán Sababa me tomó por un brazo… definitivamente yo era una prisionera.
Comencé a hablar en español porque ya mi inglés no daba para más. Le dije al tal Sababa que yo no podía ser su esclava porque yo era de otra cultura en donde las mujeres somos libres y no le pertenecemos a nadie. El Sultán me miraba, quitose el turbante descubriendo así a un moro espectacular, la verdad es que el sultán estaba bien chévere… por un momento hasta dudé. Seguí dándole mi discurso feministoide hasta que él desenvainó una espada que muy sutilmente colocó en mi cuello. Esa fue mi señal para cerrar la bocota. Sólo atinó a decirme, y en español: - Pero aJora me perteneces-
Oh, por dios… si por dios, porque por dios fue que llegué a ese lugar. ¡Pero en qué mundo vive este tipo!, pensaba. Ahora si es verdad!!, yo, una Mi bella genio (bueno yo sé que no soy ningún genio… pero es un decir) y que diciendo amo pa` ca, amo pa´allá…
La luz de la espada relucía ante mis ojos y hasta logré ver que estaba forjada en oro, las manos del Aladino se posaban sobre rubíes y esmeraldas y el brillo casi encandilaba. Su ropa estaba bordada con arabescos en bronce, oro y plata… De un bolsillo sacó una bolsita de gamuza roja, y sin quitar la espada de mi cuello tomó un trío de anillos de diamantes, rubíes y topacios hermosísimo que deslizó en mi dedo anular derecho. Luego se acercó a mi oído y susurró: - I need you- . Bajó su espada y clavó sus ojos en los míos, le mantuve la mirada hasta que una explosión nos interrumpió el idilio visual.
Enseguida llegaron los turbantes animados a llevarse a mi queridísimo sultán Sababa. Entre el susto, el gusto y las ganas de escapar no sabía hacia dónde correr. El anillo brilló y decidí seguir su reflejo. Una mujer palestina llena de explosivos había ocasionado aquel caos. Pero más caótica era mi situación. A lo lejos vi al Sultán montándose en su caballo. Logré salir a algún lado. Corrí, pero de pronto escuché el galopar de un caballo y otra vez en manos del Jeque… cabalgamos entre los muros de Jerusalén: iglesias, olivos, vía la dolorosa… por fin nos detuvimos, y en mi cabeza sólo resonaba una sola frase “te necesito”…
Al bajarme del caballo le pregunté por qué me necesitaba. Se sonrojó, y dijo: “es que necesito aprender a…” allí lo comprendí todo. Desde que llegamos a Israel nos contaron una historia acerca de un Sultán que raptaba bailarinas. Para mi sólo era cuento, además se supone que en Israel no hay sultanes, ni jeques, ni aladinos…
De tanto que yo pedí ver alguna de estas cosas… bue, el Sultán quería aprender a bailar Salsa, jajajajaja, imagínense!! Como han cambiado los sultanes, no? Por supuesto que enseguida le puse la Masucamba de Oscar de León, obviamente era lo que él venía mejor. Pasamos algunas horas bailando hasta que se quedó rendido en un sofá de su hermosa sala. Esa fue la segunda señal para salir corriendo. Todavía la policía se encontraba en alerta por lo de la explosión de la mujer Palestina. Logré meterme entre dos muros muy angostos, casi podía decirse que ese camino se había construido en ese preciso momento para que escapara. Enseguida el sultán se percató de mi ausencia y salió a buscarme, pero esta vez no podía alcanzarme. Entre la poca luz que las paredes dejaban pasar logramos juntar de nuevo nuestras miradas…. Me preguntó que por qué escapaba, que si no había sido feliz con él, que él podía darme lo que quisiera: convertirme en princesa, llevarme a los lugares más increíbles que pudiera imaginar, llenarme de oro y títulos de telenovelas: Topacios, esmeraldas, cristales!!… agradecí su maravillosa oferta, pero lo único que realmente quería era ser libre y sabía que eso era muy difícil de entender por él. Sus ojos se humedecieron y su silencio me dio la razón… finalmente dijo: - de todas formas ya eres una princesa, y el único que está preso por tu belleza soy yo… adiós princesa Lejaim- quizá quiso decir princesa lejana… me quedé colgada en sus ojos hasta que las paredes se interpusieron entre él y yo. ¡Qué paradójico que para conseguir ser libre tuve que encerrarme en aquellos muros de piedra!
Comencé a escuchar mi nombre en un maravilloso eco que se hacía entre esas paredes, en algún momento pensé que era el llamado de Dios. Toda la compañía Danzahoy me buscaba desesperadamente, ya les había llegado la noticia de que había sido raptada por el Sultán Sababa. El muro se iba haciendo cada vez más angosto, pero el ímpetu pudo más que todas esas rocas milenarias. Finalmente, y gracias a la magia de la escritura llegué al “Muro de los Lamentos”… allí estaban, entre risas y llantos me recibieron… con voz jadeante pude decirles: “la libertad no tiene precio, para todo lo demás existe… un sultán”
Shalom!
Glosario:
Bebakshá: por favor
Sababa: Chévere
Lejaim: Salud! Cheers!
Shalom: hola, chao

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